22 jul. 2010

Visitar a los encarcelados


Visitar a los encarcelados.
Cuando tenemos que enfrentarnos a grandes problemas en nuestra vida, ya sean familiares, económicos, laborales, psicológicos o espirituales, una de las preguntas que llegan a nuestra mente es: Hay un Dios? Existe Dios realmente? Si Dios existe, por qué hay sufrimiento en el mundo? Si Dios existe, por qué un accidente o un hecho delictivo pueden poner fin a un sueño, a un proyecto o a una vida?

No has pensado que Dios ha permitido que te ocurran ciertas cosas para llamar tu atención para que vuelvas a El porque no has respondido a ninguno de sus llamados? Vas a responder a este "sacudón" espiritual y vas a entregar tu vida a Dios? Las señales de los tiempos que corren nos indican que el mundo se acerca a su fin y el Señor te está dando una nueva oportunidad de prepararte para encontrarte con El. Tarde o temprano todos vamos a morir, sin excepción. Estás listo para encontrarte con tu Creador?
¿Creéis que en las galeras están sólo los delincuentes? La justicia humana tiene un ojo tuerto y el otro medio nublado, por el que ve camellos donde hay nubes o confunde una serpiente con un ramo florido. Juzga mal. Y todavía peor porque frecuentemente quien la hace, forma a propósito neblinas de humo para que no juzgue bien. Aun cuando los encarcelados fuesen todos ladrones y homicidas, no es justo que nos hagamos ladrones y homicidas, quitándoles la esperanza de perdón con nuestro desprecio.
¡Pobres prisioneros! No se atreven a levantar los ojos a Dios, cargados como están con su delito. Las cadenas, en verdad, están más bien en el espíritu que en los pies. Pero ¡ay de ellos si desconfían de Dios! Unen al delito contra el prójimo el de la desesperación del perdón. La galera es expiación, como lo es la muerte en el patíbulo. Pero no basta pagar la parte a la que tiene derecho la sociedad humana por el delito cometido. Es menester pagar también y sobre todo la parte que se debe a Dios, para poder expiar, para tener la vida eterna. Quien es rebelde, quien se desespera no expía sino ante la sociedad. Que el amor de los hermanos vaya al condenado o al prisionero. Será luz en las tinieblas. Será una voz. Será una mano que señala lo alto, mientras la voz dice: “Que mi amor te diga que también Dios te ama; Dios que me puso en el corazón este amor por ti, hermano desventurado” y la luz permite entrever a Dios, Padre piadoso.
Que vuestra caridad se dirija con mayor ahínco a consolar a los mártires de la justicia humana. A los que en realidad no son culpables, o a los que una fuerza cruel empujó a matar. No juzguéis allí donde ya se juzgó. No sabéis que muchas veces el que asesina no es sino un muerto, un autómata privado de razón, porque un asesinato incruento le quitó la razón con la vileza de una cruel traición. Dios sabe y basta. En la otra vida se verán muchos de los que estuvieron en las galeras, muchos de los que mataron y robaron, poseyendo el cielo, porque en realidad los verdaderos ladrones de la paz de los demás, de la honradez, de la confianza, los verdaderos asesinos de un corazón fueron ellos: las pseudo–víctimas. Víctimas sólo porque fueron las últimas en recibir el golpe. El homicidio y el hurto son pecados, pero quien mata y roba, porque fue empujado por otro, y luego se arrepiente, y quien induce a otros al pecado y no se arrepiente, será castigado menos duramente que el que lo empujó al pecado sin sentir remordimiento.
Por lo cual, no juzgando jamás, sed compasivos para con los encarcelados. Pensad siempre que si se debiese castigar a todos los homicidas y ladrones, no pocos hombres ni pocas mujeres morirían en las galeras o en el patíbulo. A esas madres que conciben y que luego no quieren dar a luz su fruto, ¿qué nombre se les dará? ¡Oh! no juguemos con las palabras. Digámoslas claramente su nombre: “Asesinas”. Esos hombres que roban reputación y puestos, ¿cómo los llamaremos? Con lo que son: “Ladrones”. Esos hombres y mujeres que siendo adúlteros o maltratando a sus familias y que por eso empujan al homicidio o suicidio, o también los que siendo grandes de la tierra arrastran a la desesperación a sus vasallos, y con la desesperación a la violencia, ¿qué nombre se merecen? Este: “Homicidas”. ¿Huye alguien? Vosotros sois testigos de que entre galeotes que escaparon de la justicia, que llenan casas y ciudades y se topan con nosotros en las calles y duermen en los mismos albergues que nosotros y con ellos condividimos la mesa, se vive sin preocupación alguna. Y sin embargo ¿Quién está sin pecado? Si Dios escribiese en la pared del lugar donde se reúnen para su banquete los pensamientos del hombre, en la frente, las palabras acusadoras de lo que fuisteis, sois o seréis, pocas frentes llevarían escrita con letras luminosas la palabra: “Inocente”. Todas las demás con color de verde como la envidia, negro como la traición, rojo como el crimen, llevarían las palabras: “Adúlteros” “Asesinas” “Ladrones” “Homicidas”.
Sed, pues, misericordiosos sin soberbia para con los hermanos menos afortunados, según la condición humana, que están en las galeras expiando lo que vosotros no expiáis, por la misma culpa. Vuestra humildad sacará de ello humildad.
mira el siguiente  video si dejas cambiará tu vida
http://www.youtube.com/watch?v=Chl6cUupDl0&feature=player_embedded

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