22 jul 2008

UNA EXTRAÑA HUÉSPED


Este texto es un fragmento del libro de
SOR MARÍA NATALIA MAGDOLNA

Desde temprana edad percibió claramente su vocación religiosa y a los diecisiete años entró al convento de Pozsony. A los treinta y tres, sus superioras la enviaron a Bélgica de donde volvió al poco tiempo porque se enfermó y la regresaron a Hungría, su patria, donde vivió en los conventos de Budapest y Keeskemet.
En Hungría empezó a tener locuciones interiores y visiones sobre el destino de Hungría y del mundo, aunque ya de niña había tenido fuertes experiencias místicas. Estos mensajes son un llamado a la reparación de los pecados, a la enmienda y a la devoción al Corazón Inmaculado de María como la Victoriosa Reina del Mundo. La mayoría de estos mensajes los escribió entre los años 1939 y 1943.


LA VICTORIOSA
REINA DEL MUNDO


Una extraña huésped
Empecé a leer la Santa Biblia a escondidas. Lo primero que me llegó a fondo fue: "No juzgues para que no te juzguen y lo que tú hagas por el más pequeño de mis hermanos, Me lo haces a Mí".
Cuando tenía catorce años hice el voto de la Tercera Orden de los Franciscanos, y a los quince se vio claramente que yo no quería casarme. Sólo Jesús me atraía constantemente. Con los ojos de mi alma vi a mi alrededor a reyes y pordioseros. Observé a los unos en su gran pompa pasajera mientras veía a los otros en su tremenda pero también pasajera pobreza. ¿A quién le daría mi amor? Decidí dárselo al que siempre vive y siempre se regocija en mi amor: a Jesús.
De mis ocho hermanos, hoy sólo sobrevivimos un hermano y yo. Mi hermana Stephanie, que también fue religiosa, había muerto. Ella me ayudaba mucho cuando aún estábamos en nuestra casa. Los domingos, cuando mi madre nos dejaba limpiando la cocina después de la comida, nos turnábamos haciendo esta tarea. Cuando me tocaba a mí, Stephanie siempre me mandaba a rezar y ella hacía mi tarea, quizás porque nunca me peleaba con ella y porque sabía cómo me gustaba orar.
Una tarde de verano, cerca de la puesta del sol, me senté en silencio detrás de la casa, en el primer peldaño de la escalera. Al ver la belleza del cielo, sentí como si mi alma fuera a volar hacia allá. De repente se abrió la reja del jardín y entró una mujer. Yo brinqué y corrí hacia ella. Era hermosa y una felicidad devota y sobrenatural irradiaba de ella. Dijo:
–Quizás ésta va a ser la casa donde se me reciba. Me cerraron las puertas en las otras casas a donde llegué. "No hay lugar", me dijeron. En otras partes me sacaron sin ninguna explicación. Empecé en esta hilera de casas y no me he pasado ninguna desde el gran puente hasta acá.
Miré su cara y me di cuenta que era un alma devota y que amaba a Dios.
–Me gusta la gente de buen corazón –dijo de nuevo–. ¿Me das un lugar para hospedarme?
–¡Sí! –le dije.
Corrí dentro de la casa hacia mi madre. Rápidamente le describí a la huésped: "Es una Señora hermosa, diferente de nosotros; su falda es oscura y cubre sus tobillos; pide quedarse con nosotros esta noche. Ni siquiera pide una cama, una silla es suficiente o un banco". Después de esto corrí con mi padre. Él era un hombre serio y preguntó: "¿Quién es esta desconocida?" Yo se la describí con miedo que la despidiera. Pero mi padre estuvo de acuerdo a que se quedara. "Mira, pequeña mía, –me dijo–, de algún modo podemos acomodar a la inesperada huésped; no tenemos muchos espacio, pero déjala que se quede".
La noche estaba fría, por eso hicimos un poco de fuego en la casa. La Señora se sentó en una silla en la cocina y yo me senté a su lado en el suelo. Empezó a hablarme del Cielo. Yo escuchaba todas sus palabras y mi alma se regocijaba de felicidad. Le pregunté si quería comer con nosotros, pero ella sólo pidió un poquito de pan y té. Mientras nosotros comíamos, ella me habló de la vida de los Santos; de san Francisco de Asís. Yo le dije que quería servir muchísimo a Dios y ser religiosa.
–Lo serás –dijo, y su voz era firme.
–¿De dónde viene? –le pregunté.
–Vengo de Viena, de un claustro.
–¿De veras? –le dije con alegría–. Por favor, lléveme allí a mí también; no importa que yo sea aún pequeña –le supliqué.
–A dónde voy yo ahora, no te puedo llevar. Pero sí, más tarde –me contestó.
La campana de la iglesia tocó el Ángelus. La señora estaba absorta en oración, parecía ensimismada, de toda su persona irradiaba majestad y belleza celestiales. Yo estaba asustada, solamente más tarde me di cuenta que era Nuestra Madre Santísima.
Era tiempo de ir a la cama. Le dije a la Señora, bajando mis ojos de vergüenza, que nosotros no teníamos una recámara para huéspedes, así que ella tenía que dormir en la mía mientras que mis padres irían a otro cuarto. Ella estuvo de acuerdo con el acomodo.
–Nosotras tendremos lugar suficiente –dijo.
Mi corazón se alegró. Yo era una muchacha delgada y le dije que podía quitarse su pequeño chal.
–No importa –ella dijo sonriendo. Pero se lo quitó igualmente. Su hermoso pelo cayó como un velo, denso y fluido como una cascada. Corrí donde mi padre y le dije:
–Papi, yo no sé qué hacer. Le pedí a la señora si quería dormir conmigo.
–Está bien, si tú lo quieres. Pero si ella no quiere ir a la cama, déjala dormir en la silla. Yo me acostaré en la banca del otro cuarto; de este modo estaré cerca por si algo pasa.
Regresé con la señora. Nos sentamos en la cama sin quitarnos la ropa. Ella me platicó durante toda la noche acerca del Cielo. No pude cerrar los ojos por lo bonito y hermoso de su plática. Por la madrugada le dije que yo iría a misa. Ella quiso ir conmigo.
Durante la misa casi no me atreví a moverme. Fuimos juntas a comulgar. Después de la misa un acólito vino a decirme:
–El señor cura quiere hablarte.
–Voy en seguida, pero déjame acompañar a mi huésped afuera del pueblo.
En efecto la señora estaba tomando el camino de Stomfa, un pueblo cercano. Le pregunté si conocía el camino, y le expliqué:
–Primero sube usted al cerro, luego bajando verá en seguida las casas del pueblo.
Ella me dio las gracias por pasar la noche en mi casa. Una vez más le dije:
–Me gustaría ser religiosa.
–¡Laudetur Jesus Christus! –me contestó en latín (Alabado sea Jesucristo).
Después de haber dado unos pasos, me volteé para verla de nuevo, porque era difícil separarme de ella; y cuál fue mi sorpresa, no la vi por ningún lado. En mi infantil ingenuidad pensé: "Quizás, ¡ni el Señor Jesús la puede alcanzar!
Mientras tanto el señor cura me estaba esperando con impaciencia.
–¿Quién era esa señora, Marikita? –me preguntó–. ¡Por cierto no era de este mundo!
–A mí me dijo que si yo rezo mucho podré ser religiosa –le contesté con un cierto orgullo de niña.
El sacerdote estuvo un poco pensativo, después me dijo:
–Yo vacilé en darle la comunión. Cuando le ofrecí la sagrada Hostia, su rostro estaba esplendoroso, lleno de luz; y luz también salía de su boca. La sagrada Hostia voló de mis dedos. Ella tomó la comunión en esta luz. Realmente tuve miedo de este fenómeno extraordinario. Ella misma me pareció la eternidad gloriosa. Aun en la sacristía seguí temblando.
Muerte pospuesta
Cuando tenía treinta y tres años, mis superiores me mandaron a Bélgica. Nuestro convento tenía pocas religiosas que pudieran llevar adelante los trabajos materiales. Aunque yo no era muy fuerte y con frecuencia me enfermaba, me gustaban los trabajos de la casa, como pintar, lavar los trastes, limpiar los baños, acarrear el carbón a las estufas, y hasta el trabajo del establo. Cuando tenía un poco de tiempo, me gustaba leer. Sin embargo, por estos trabajos pesados, me adelgacé muchísimo, hasta quedarme en los huesos. Mi superiora tuvo miedo de que yo no resistiera mucho e hizo saber a la superiora de la Casa Madre de Pozsony (Bratislava) que, humanamente hablando, yo no tenía mucho tiempo de vida.
Una noche el Señor me dijo:
–Tú me pediste que querías imitarme y que Yo te llevara conmigo cuando tuvieras treinta y tres años. Ha llegado la hora: te estoy llamando. Pero si tú aceptas seguir sufriendo en la tierra para salvar almas, yo puedo prolongar tu vida.
Le contesté que yo deseaba sufrir para salvar muchas almas del infierno. Entonces Él me prometió que me dejaría en la tierra para que pudiera salvar las almas inmortales de los hombres; le dije:
–Jesús, dame la gracia de poder consolarte hasta que sea una anciana, y cuando muera, déjame llevar almas al Cielo hasta el final de los tiempos. Concédeme que yo pueda orar ante miles de sagrarios abandonados mientras Tú permanezcas en la tierra en la sagrada Hostia.
Jesús me lo prometió. Después me dijo:
–¿Qué más deseas pedirme en tus treinta y tres años?
–¿Qué más puedes darme, si Tú te das a mí totalmente? –le contesté.
–Tienes razón; Yo no puedo dar más que a Mí mismo; pero pídeme algo para ti misma. La profundidad del pozo de mi gracia es infinita.
–Mi querido Jesús, puesto que has vivido entre nosotros treinta y tres años, te pido que nos des 33 regalos.
–¡Está bien! Yo te daré estos regalos para honrar a mi Madre. Estas 33 promesas se realizarán en los que, con un corazón puro, un deseo sincero y un ferviente amor, consuelen al Inmaculado Corazón de mi Madre.
PARA LEER EL LIBRO ENTERO IR AL VINCULO INTERNO DE ESTE BLOG:http://victoriosareinadelmundo.blogspot.com/

14 jul 2008

MAS ALLÁ DEL SUFRIMIENTO




L SUFRIMIENTO NOS LLEVA A DIOS
Hay quienes, ante el sufrimiento de la vida, se rebelan contra Dios y le echan las culpas de todas sus desgracias. Le dicen: ¿Por qué me has hecho esto? Prefiero morir a vivir. Quiero suicidarme, así no vale la pena vivir. Algunos le exigen la salud, como si fuera un derecho adquirido, y dicen: Si no tuviera hijos que cuidar… Si estuviese solo, pero tengo una familia que alimentar y tengo muchos problemas que resolver y muchos planes que realizar. Pareciera que le dicen a Dios que ellos son seres indispensables en el mundo.
Algunos gritan, diciendo: ¿Por qué? Yo soy bueno. ¿Por qué me castigas? Oh Dios, mátame si quieres, pero que no dé pena a los demás, que no haga gastar dinero a mis familiares, que no sea un cacharro inútil para los demás… Y Dios no responde, y calla y perdona y aguanta con paciencia todos los insultos e incomprensiones.
Pero Dios no se divierte ni se lo pasa en grande viéndote sufrir, como si tu dolor y tu enfermedad fueran caprichos de su entretenimiento para los ratos libres. En cambio, se siente muy contento, cuanto ve que tú te realizas a través del dolor y maduras y llegas a ser mejor y más feliz. La peor desgracia que le puede pasar a un hombre no es estar enfermo, sino ser un inútil que no sirve para "nada" y que, al morir, se sienta vacío por dentro por haber desperdiciado su vida. Pero si ama y ofrece su dolor, aunque esté en una silla de ruedas, su vida estará plena de sentido y se realizará como persona y será feliz.
Decía Nicolás Wolterstorff: "Dios es amor y nos ama. Por eso, "sufre" al ver nuestro mundo pecaminoso lleno de sufrimiento. Amar es sufrir. De ahí que podemos decir que las lágrimas de Dios son el secreto de la historia humana".
Hay una leyenda china que cuenta el caso de una pareja de ancianos, que deseaban ardientemente tener un hijo. Después de varios años de esterilidad, por fin tuvieron un hijo. El día después de su nacimiento, los visitó un ángel de Dios y les dijo que podían pedirle cualquier cosa, que Dios se la concedería. Después de mucho pensarlo, le pidieron para su hijo que nunca tuviera sufrimientos ni enfermedades en la vida. El ángel les dijo que Dios podía concedérselo, pero que lo pensaran bien, porque, en su opinión, no era lo más conveniente para él. Pero ellos insistieron tanto que, al fin, Dios se lo concedió.
Y dice la leyenda que, felizmente, estos ancianos esposos no vivieron el tiempo suficiente para ver crecer a su hijo, que llegó a ser el más grande tirano que existió en toda la comarca.
¿Por qué? Porque el sufrimiento nos lleva a Dios, que es amor. Nos hace más sensibles ante el sufrimiento de los demás y nos ayuda a madurar personalmente. El hombre que no ha sufrido, no tendrá la madurez suficiente para amar de verdad y será más duro e insensible ante el dolor de los demás. Por eso, dice un dicho antiguo: "quien no sabe de dolores, no sabe de amores".
El sufrimiento es un tesoro de Dios, un instrumento de Dios para acercarnos más a Él, si sabemos aceptarlo con amor. De otro modo, puede ser un medio de desesperación para el que no tiene fe y sólo piensa en terminar con todo cuanto antes y suicidarse.
Dice Luis Gastón de Segur que, de mil personas que hay en el infierno, probablemente novecientas noventa estarían ahora en el cielo o, al menos, en el purgatorio, si hubiesen sido ciegas, paralíticas, sordomudas o afligidas por alguna enfermedad. Y de los mil que hay en el purgatorio, probablemente estarían novecientas noventa ya en el cielo, si hubiesen tenido alguna enfermedad, que los hubiera hecho más humildes y maduros en la fe y en el amor.
Alguien ha dicho que los buenos enfermos son como las estaciones de gasolina, a donde acuden los que quieren llenar su corazón vacío de amor. Hablar con buenos enfermos ayuda a los sanos a ver la vida en otra perspectiva, porque todos, tarde o temprano, pasaremos por la enfermedad. Los buenos enfermos son bienhechores de la humanidad y ayudan como misioneros en la gran tarea de la salvación del mundo.
En 1928 Margarita Godet quería ser apóstol misionera, pero estaba inmovilizada por la enfermedad y se ofreció como enferma misionera por los seminaristas de las Misiones extranjeras de París. Así comenzó la Unión de los enfermos misioneros, que se compromete a ofrecer diariamente su dolor por las misiones.
También existe la Fraternidad cristiana de enfermos, fundada por el sacerdote Henry François en Verdún (Francia), en 1942, para enfermos, ancianos o minusválidos para fomentar la unión y fraternidad entre ellos y enseñarles a aceptar su dolor y ofrecerlo por la salvación del mundo.

OFRECIMIENTO DEL DOLOR
El sufrimiento es parte integrante de la vida humana. No hay nadie que, tarde o temprano, no participe de él. Por eso, debemos aprender a llevar nuestra cruz de cada día, como nos dice Jesús, y saber ofrecerla para darle un valor sobrenatural. De ahí que sea importante aprender a tener espíritu de sacrificio y no buscar siempre el placer por el placer.
Nuestra Madre la Virgen, en muchas de sus apariciones, nos habla de ofrecer sacrificios voluntarios por la conversión de los pecadores. En Fátima le decía a Lucía: "Orad y haced sacrificios por los pecadores, porque van muchas almas al infierno, porque no hay quien se sacrifique ni ore por ellas" (13 de agosto de 1917).
Este espíritu de sacrificio por la conversión de los pecadores, lo aprendieron muy bien los tres pastorcitos. A veces, daban su comida a las ovejas o a niños pobres o comían bellotas amargas o no bebían agua en pleno calor y decían: "Oh Jesús, es por tu amor y por la conversión de los pecadores".
Evidentemente, el sufrimiento por sí mismo no vale nada, si es que no se ofrece con amor y por amor. Pero, cuando se ofrece a Dios con amor, tiene un gran valor redentor en unión con los méritos de Jesús.
Por eso, debemos pensar en tantas personas que están alejadas de Dios y que están en peligro de condenación eterna por sus propios pecados. Pero, si nosotros ofrecemos por ellos nuestras oraciones y sacrificios, Dios les puede conceder gracias extraordinarias, que pueden conseguirles su conversión y salvación.
Si san Agustín no hubiera tenido una madre tan santa como santa Mónica, quizás nunca se hubiera convertido ni hubiera llegado a ser el gran santo que todos conocemos. Si tú fueras más generoso con Dios y ofrecieras todos tus sufrimientos y enfermedades por la salvación de tu familia, quizás Dios podía haber salvado hace muchos años algún antepasado tuyo o algún familiar actual que va por mal camino. La oración traspasa las fronteras del tiempo o del espacio. Ora por todos tus antepasados y familiares, presentes y futuros. Hay motivos más que suficientes para ofrecer todo lo que sufres. Y ¡cuántos podrán salvarse por tu generosidad! Pero ¡cuántos también podrán condenarse por su culpa, pero porque no han tenido familiares generosos, que los han encomendado al Señor! ¡Ofrece tu dolor a Dios y Él te bendecirá a ti y a tu familia!
No puedes imaginar todo lo que vale el sufrimiento, ofrecido con amor. Sólo en el cielo lo comprenderás. Allí encontrarás miles y miles de hijos espirituales, a quienes has salvado con tu dolor amoroso o con tu amor doloroso.
Cuando tengas mucho que sufrir, celebra tu propia misa y di como el sacerdote: "Esto es mi Cuerpo, que será entregado por vosotros". Sí, este cuerpo tuyo ofrécelo y entrégalo como ofrenda a Jesús para que, en unión con Él, puedas ofrecer tus sufrimientos al Padre por la salvación del mundo. Así tu vida será una misa permanente, en unión con Jesús.
Nos los dice Chiara Lubich, fundadora del Movimiento de los focolares:
"Si sufres mucho y tu sufrir te impide cualquier otra actividad, acuérdate de la misa. En la misa, Jesús, ahora como entonces, no trabaja ni predica, Jesús se sacrifica por amor. En la vida se pueden hacer muchas cosas, decir muchas palabras, pero la voz del dolor, aunque sea sorda y desconocida a los otros, es la palabra más fuerte, aquélla que penetra el cielo. Si sufres, mete tu corazón en el Corazón de Jesús. Di tu misa. Ofrécete con Jesús por la salvación del mundo. Y, si el mundo no te comprende, no te turbes, basta que lo comprendan Jesús y María, los ángeles y los santos. Vive con ellos y deja correr tu sangre en beneficio de la humanidad. La misa es un misterio demasiado grande para poder comprenderla. Su misa y tu misa, Jesús y tú, su amor y tu amor, podéis salvar al mundo".
Por eso, decía Susana Fouché: "Yo he tomado mis dolores en mis manos como un instrumento de trabajo para la salvación del mundo". ¿Estás tú también dispuesto a ofrecer tu vida por la salvación de tus hermanos? Jesús está esperando tu respuesta y cuenta contigo. No lo defraudes. Jesús podría decirte:


"Yo soy tu Dios y pienso en ti. Dispongo todas las cosas para tu bien, aunque no lo comprendas. Acepta con serenidad y paz todo lo que disponga para ti y ofréceme con amor tus sufrimientos. Sólo así podremos estar unidos y tener un solo corazón. Si experimentas cansancio, échate en mis brazos. Si estás triste, ven a Mí y duérmete tranquilo entre mis brazos.
Hijo mío, ayer por la mañana te vi triste y pensé que querías hablar conmigo. Al llegar la tarde, te di una hermosa puesta de sol y esperé, pero nada… Te vi dormir en la noche y te envié rayos de luna para besar tu frente y esperé hasta la mañana; pero tú, con tu prisa, tampoco me hablaste. Entonces, tus lagrimas se mezclaron con las mías que caían con la lluvia del día. Hoy sigues triste y quisiera consolarte con mis rayos de sol, con mi cielo azul, con mis hermosas flores. Quisiera gritarte que te amo, que no tengas miedo de acercarte a Mí para pedirme ayuda, que me dejes entrar en tu corazón y que me entregues todo el peso de tus problemas y todo lo que te hace sufrir.
¿No escuchas mi voz en el fondo de tu alma? Ya sé que estás muy ocupado, puedo seguir esperándote, porque te amo. Pero no olvides que te espero, porque quiero verte contento y feliz".
texto sacado del libro "Mas allá del sufrimiento" de :
P. ÁNGEL PEÑA O.A.R.
LIMA – PERÚ
2004
Vinculo interno de este blog para seguir leyendo sobre este tema el libro:http://sufrimientoredentor.blogspot.com/

3 jul 2008

EL GRAN TESORO




EL GRAN TESORO
La Eucaristía no sólo es un gran tesoro, podríamos decir que es el tesoro más grande del mundo. Mucho más importante que el oro o las piedras preciosas. Vale más que todo el universo con todas las estrellas y galaxias. Vale más que los ángeles y que todos los santos, incluida la misma Virgen María, porque la Eucaristía es Jesucristo, el Dueño, Señor y Creador de todo lo que existe.
Sin embargo, hay quienes no entienden que, al hablar de la Eucaristía, no estamos hablando de un pan bendito o de una cosa buena, sino de Alguien, de una persona, de Jesús. Por eso, quizás no lo valoran lo suficiente y su fe es demasiado pequeña para reconocerlo bajo la apariencia de un pequeño pedazo de pan.
Muchos católicos no lo aman, no le dan importancia, y para ellos Jesús Eucaristía es como si no existiera, porque no se aprovechan de su presencia cercana en este sacramento. Es lo que les pasaba a tantos judíos del tiempo de Jesús, que lo tenían muy cerca, pero no creían en Él o simplemente no se daban tiempo para ir a oír sus palabras o visitarlo.
Los reyes magos hicieron un largo y peligroso camino para encontrar a Jesús y quedaron felices de haberlo encontrado. Había valido la pena todo su esfuerzo; porque, al fin, lo encontraron y descubrieron que Él era su Dios. Fueron los primeros no judíos que lo reconocieron como Dios y lo adoraron. Los pastores también hicieron un esfuerzo para ir en plena noche a visitarlo, llevándole algunos regalos y no quedaron defraudados. ¿Y nosotros? ¿No valdrá la pena hacer cualquier esfuerzo para visitar a Jesús? ¿No valdrá un poco de nuestro tiempo? ¿O acaso nuestra fe es tan escasa que no creemos que verdaderamente en la hostia consagrada está el mismo Jesús de Nazaret, el mismo Jesús, que nació en Belén y murió en la cruz?
Si supiéramos que en una isla perdida hay un gran tesoro y nos dieran la oportunidad de ir a encontrarlo con la garantía de que sería todo para nosotros, ¿no valdría la pena arriesgarse para encontrarlo y ser ricos para toda la vida? ¿Y Jesús no es el tesoro más grande del mundo? La isla del tesoro no está muy lejana, no necesitamos viajar a países lejanos y desconocidos. Jesús está muy cerca, en el sagrario de nuestras iglesias, pero hay que tener fe para verlo con los ojos del alma, con los ojos de la fe.
Dice santa Ángela de Foligno: A veces, veo la hostia con un resplandor y una belleza muy grandes, más que si fuese el resplandor del sol. Por esa belleza, comprendo con certeza que estoy viendo a Dios sin ninguna duda... En la hostia aparece una belleza más hermosa y más grande que la del sol... En ocasiones, veo en la hostia dos ojos luminosísimos tan grandes que de la hostia sólo parecen quedar los bordes. Una vez, me fueron mostrados esos ojos y disfruté de tanta belleza y de tanto deleite que jamás podré olvidarlo por el resto de mi vida... Jesús resplandecía de belleza y de gracia y parecía un niño de doce años. Me sentía tan colmada de alegría que creo que no me olvidaré de ella por toda la eternidad. Y me comunicó tal certeza que no puedo dudar de nada y de ninguna manera. Todo mi gozo consistió en la contemplación de esa belleza inestimable.
Jesús Eucaristía es el Rey de reyes y Señor de los señores, el Rey del universo, el Señor de la historia, el amigo de los hombres, el hijo de María, el niño de Belén, el Salvador del mundo, que se ha quedado junto a nosotros para ser nuestro compañero de camino y para que podamos acudir a Él fácilmente, cuando tengamos necesidad. Y nos sigue esperando para sanarnos, bendecirnos, alegrarnos y darnos su amor y paz. Su consultorio es el sagrario. Él es el mejor médico, siquiatra y sicólogo del mundo. Atiende gratis las 24 horas de cada día y no necesitamos sacar cita para ser recibidos por Él. Además, Él lo sabe todo y sabe cuáles son nuestros males y necesidades antes de que se las digamos. Él nos espera. ¿Hasta cuándo? ¿Somos tan ricos que no necesitamos de su amor? Dice Jesús: Donde está vuestro tesoro, allí también estará vuestro corazón (Mt 6, 21). ¿Cuál es nuestro tesoro más importante? ¿Qué buscamos con más ansiedad y deseo en nuestra vida? ¿Es Jesús? Pues en la Eucaristía lo encontraremos. ¿Y qué tesoro podemos desear que sea mejor y más importante que el mismo Jesús?

EUCARISTÍA Y SANACIÓN
La Eucaristía es fuente de luz y de amor para los que se acercan a Jesús. También es fuente de salud para los que se acercan con fe, como la mujer hemorroísa del Evangelio. La hermana Briege McKenna nos cuenta algunos de estos milagros en su libro Los milagros sí ocurren.
Dice: Un día me telefoneó un sacerdote muy angustiado y asustado. Acababa de saber que tenía cáncer en las cuerdas vocales y que, dentro de tres semanas, tendrían que extirparle la laringe. Me dijo que estaba desesperado, había sido ordenado apenas hacía seis años. Al orar con él, sentí que el Señor quería que yo le hablara de la Eucaristía. Le dije: "Padre, yo puedo orar por usted ahora por teléfono y lo haré. Pero ¿esta mañana no tuvo un encuentro con Jesús? ¿No se encuentra con él cada día? Padre, cada día, cuando celebra la misa, cuando toma la hostia sagrada, usted se encuentra con Jesús. ¿Se da cuenta de que Jesús pasa a través de su garganta? No hay nadie mejor a quien ir sino a Jesús. Pídale a Jesús que lo sane".
Lo oí llorar por teléfono. Y se despidió dándome las gracias. Tres semanas después, ingresó al hospital para ser operado. Me llamó más tarde para decirme que la cirugía no se realizó. Los médicos descubrieron que el cáncer había desaparecido y que sus cuerdas vocales estaban como nuevas. Nunca supe su nombre. Pero un año después, tuve noticias de él a través de un amigo suyo. Antes de su enfermedad, este sacerdote joven había dejado de celebrar la misa diaria excepto los domingos. Él tomaba la misa muy a la ligera. Y Dios usó esta experiencia del cáncer para transformar su vida. Este sacerdote fue sanado completamente, no sólo físicamente. Se volvió un sacerdote centrado en la Eucaristía. La Eucaristía se volvió para él, un momento de encuentro con Jesús vivo.
Otra sanación ocurrió en Sydney, Australia. Una mujer fue a un lugar, donde el padre Kevin y yo estábamos hablando. Ella se me acercó en un pasillo para pedirme que orara por ella. Estaba desesperada, porque padecía un cáncer al estómago. Tenía un tumor que le causaba una gran hinchazón. Los médicos le dijeron que no tenía caso operarla, porque el tumor se había extendido demasiado.
Yo sabía que habría una misa esa tarde, así que le dije que iba a orar por ella, pero que asistiera también a la misa y le pidiera a Jesús que la sanara. Su preocupación más grande era el miedo a la muerte. Yo le dije: "Vaya a encontrarse con Jesús en la Eucaristía. Jesús le dará la fortaleza para enfrentar cualquier cosa que se presente en su vida. Si Él ha decidido que cruce el umbral de la muerte, Él le dará la gracia de atravesar la puerta sin ese miedo terrible. Y, si ha de vivir, Él le dará la gracia de vivir"... Por la noche, cuando teníamos un encuentro con una gran multitud, vino corriendo por el pasillo, se arrojó en mis brazos y me dijo:
Hermana, sucedió, sucedió.
¿Qué sucedió?
Míreme. Vine esta mañana. Asistí a la misa como me dijo. Cuando me levanté para comulgar, me dije: En unos minutos voy a encontrarme con Jesús. Voy a recibirlo en mi corazón y le pediré que me ayude... Tan pronto como sentí la hostia en mi lengua, sentí como si algo me quemara la garganta y me llegara hasta el estómago. Miré mi estómago y la protuberancia había desaparecido.
El padre Emiliano Tardif, estando predicando en Tahití, Polinesia francesa, dice: El testimonio que más me impresionó fue el de un hombre que estaba completamente ciego de un ojo, con el otro veía muy poco, y dentro de poco tiempo tendría que operarse. Durante la misa de los enfermos, precisamente en el momento de la elevación de la hostia, vio una gran luz en la iglesia y sus ojos se abrieron. ¡Había sanado!.
Y sigue diciendo: Estando en Brazzaville, Zaire, durante la misa por los enfermos yo prediqué sobre la Eucaristía como sacramento de curación y el Señor vino a confirmar su presencia real en la hostia consagrada, curando a dos paralíticos. Una mujer de unos 35 años había sido llevada en una camilla. Ella yacía paralítica en cama desde hacía dos años y medio. El Señor la levantó después de la comunión... En ese momento, otro hombre paralítico, que había sido llevado en brazos por su familia, también se levantó y caminó solo, tranquilamente, avanzando hasta el altar. Las curaciones de todo tipo se multiplicaban. Jesús volvía a decir a su pueblo: No teman. He aquí a su Dios.
Ciertamente, Jesús está vivo y presente en la Eucaristía y puede hacer hoy los mismos milagros que hacía hace dos mil años.


texto sacado del libro:
LA EUCARISTÍA
EL TESORO MÁS GRANDE DEL MUNDO



P. ÁNGEL PEÑA O.A.R.

23 jun 2008

MÍTICA CIUDAD DE DIOS PARTE 4


Tendrás en ella ángel que te encamine (Ex., 23,20)y te desvíe lejos de los peligros de Babilonia y de Sodoma para que no te alcance mi castigo. Tendrás madre que te ame, amiga que te consuele, señora que te mande, protectora que te ampare y reina a quien como esclava sirvas y obedezcas. En las virtudes que obró esta Madre de mi Unigénito en el templo hallarás un arancel universal de toda la suma perfección por donde gobiernes tu vida, un espejo sin mácula en que reverberala imagen viva del Verbo Humanado, una copia ajustada y sin erratas de toda su santidad, la hermosura de la virginidad, lo especioso de la humildad, la prontitud de la devoción y obediencia, la firmeza de la fe, la certeza de la esperanza, lo inflamado de la caridad y un copiosísimo mapa de todas las maravillas de mi diestra. Con este nivel has de regular tu vida y por este espejo quiero que la compongas y te adornes, acrecentando tu hermosura y gracia, como esposa que desea entrar en el tálamo de su esposo y señor.
PARA LEER MÁS IR A :http://misticaciudaddedios4.blogspot.com/

Breve visita por el infierno.


EL INFIERNO

El Santo Padre Benedicto XVI ha dicho recientemente que se debe volver a predicar sobre el infierno EL CUAL ES UNA VERDAD DE FÉ QUE SERÍA PECADO GRAVE NEGARLA.

Es por eso que les muestro una breve visita por el infierno en la siguiente direción y también al final como salvarse aceptando la DIVINA MISERICORDIA DE DIOS QUE EL NOS OFRECE EN ESTA VIDA.

para ello pueden hacer clic en el siguiente enlace , la página solamente tiene una salida de ella o un retroceso..............http://dinoalinfierno.blogspot.com/

22 jun 2008

DIOS NOS HABLA



DIOS NOS HABLA
Dios nos quiere tanto que nos ha querido escribir una carta de amor en la Biblia para enseñarnos el camino del bien y que no dudemos de su amor. Allí nos dice: Como un Padre tiene ternura con sus hijos, así el Señor tiene ternura con sus fieles (Sal 103,13). Y quiere que nos dirijamos a Él con total confianza y le llamemos papá. Porque hemos recibido el espíritu de adopción por el que aclamamos Abba, papá… Somos hijos de Dios y, si hijos, también coherederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo (Rom 8,15.17).
Él es cariñoso con todas sus criaturas (Sal 145,9). Y nos mima como un buen padre: Cuando Israel era un niño yo lo amé… Lo levanté en mis brazos. Fui para ellos como quien alza una criatura contra su mejilla y me bajaba hasta ella para darle de comer (Os 11,1-4). ¡Cuánto nos ama nuestro Padre!
Él, como un Padre providente hace justicia a los oprimidos, da pan a los hambrientos y libra a los presos, abre los ojos del ciego..., guarda a los peregrinos, sustenta al huérfano y a la viuda (Sal 146,7-9).
Por eso, Señor, todos esperan de ti que les des alimento a su tiempo. Tú se lo das y ellos lo toman; abres tu mano y se sacian de bienes (Sal 104,27-28). Ciertamente, a los que buscan a Dios no les falta bien alguno (Sal 34,11). Por ello, podemos decir llenos de confianza con el Salmo 23:
El Señor es mi pastor, nada me falta:
en verdes praderas me hace recostar.
Me conduce hacia fuentes tranquilas
y repara mis fuerzas;
me guía por el sendero justo,
por el honor de Su nombre.
Aunque camine por cañadas oscuras,
nada temo, porque Tú (Señor) vas conmigo,
tu vara y tu cayado me sosiegan.
¡Qué hermoso es saber que, aun en los momentos más difíciles de la vida, cuando todo es oscuridad y tiniebla a nuestro alrededor, nuestro Padre Dios vela por nosotros! No importa, si somos importantes o sencillos, Dios nos ama a todos por igual. Dios ha hecho al pequeño y al grande, e igualmente cuida de todos (Sab 6,7).
Y ¡qué bello es leer el Salmo 91, que es un canto a la providencia de Dios!:
Tú, que habitas al amparo del Altísimo,
que vives a la sombra del Omnipotente,
di al Señor: Refugio mío, alcázar mío,
Dios mío, confío en Ti.
Él te librará de la red del cazador, de la peste funesta.
Te cubrirá con sus plumas, bajo sus alas te refugiarás.
Su brazo es escudo y armadura.
No temerás el espanto nocturno,
ni la flecha que vuela de día
ni la peste que se desliza en las tinieblas,
ni la epidemia que devasta a medio día…
A sus ángeles ha dado órdenes
para que te guarden en tus caminos,
te llevarán en sus palmas
para que tu pie no tropiece en la piedra,
caminarás sobre áspides y víboras,
pisotearás leones y dragones.
Se puso junto a mí: lo libraré, lo protegeré,
porque conoce mi nombre,
me invocará y lo escucharé.
Con él estaré en la tribulación,
lo defenderé, lo glorificaré,
lo saciaré de largos días
y le haré ver mi salvación.
¡Que hermoso es saber que el Padre Dios me ama y cuida de mí!
Por eso, confía en el Señor y haz el bien, habita tu tierra y practica la lealtad; sea el Señor tu delicia y Él te dará lo que pida tu corazón. Encomienda tu camino al Señor, confía en Él y Él actuará (Sal 37,3-5). Confía en el Señor de todo corazón y no te apoyes en tu propia inteligencia (Prov 3,5). ¡Qué pena, cuando un hombre sólo confía en sus propias fuerzas y se olvida de Dios! Él mismo se fabrica su ruina y su propia infelicidad, porque sin Dios nadie puede ser feliz. De ahí que podamos decir con Jeremías: Maldito el hombre que confía en otro hombre, alejando su corazón de Dios… Pero dichoso el hombre que confía en Dios y pone en Él su confianza (Jer 17,5.7).
Este texto está sacado del libro de "LA PROVIDENCIA DE DIOS " del

P. ÁNGEL PEÑA O.A.R.

11 jun 2008

NUEVAS HISTORIAS


Este es un mensaje que me mandaron a mi, del cual podemos aprender y reflexionar sobre como DIOS nos ama con todos nuestros defectos tal y como somos, EL sacará de nuestros defectos algo más hermoso que si no tuvieramos defectos, claro que para eso debemos dejarnos abandonados en sus Santísimas Manos de PADRE.

Este mensaje es de :

[Jesús en Tí Confío] Junio 09 08H07 NUEVAS HISTORIAS No. 211


NUEVAS HISTORIAS No. 211Junio 9No. 286 Parábola del diamante Erase una vez, hace mucho tiempo, un rey que vivía en Irlanda. En aquellos tiempos, Irlanda estaba dividida en muchos reinos pequeños, y el reino de aquel rey era uno mas entre esos muchos. Tanto el rey como el reino no eran conocidos, y nadie les prestaba mucha atención. Pero un día el rey heredo un gran diamante de belleza incomparable de un familiar que había muerto. Era el mayor diamante jamas conocido. Dejaba boquiabiertos a todos los que tenían la suerte de contemplarlo. Los demás reyes empezaron a fijarse en este rey porque, si poseía un diamante como aquel, tenia que ser algo fuera de lo común. El rey tenia la joya perpetuamente expuesta en una urna de cristal para que todos los que quisieran pudieran acercarse a admirarla. Naturalmente, unos guardianes bien armados mantenían aquel diamante único bajo una constante vigilancia. Tanto el rey como el reino prosperaban, y el rey atribuía al diamante su buena fortuna. Un día, uno de los guardias, nervioso, solicito permiso para ver al rey. El guardián temblaba como una hoja. Le dio al rey una terrible noticia: había aparecido un defecto en el diamante. Se trataba de una grieta, aparecida justamente en la mitad de la joya. El rey se sintió horrorizado y se acerco corriendo hasta el lugar donde estaba instalada la urna de cristal para comprobar por si mismo el deterioro de la joya. Era verdad. El diamante había sufrido una fisura en sus entrañas, defecto perfectamente visible hasta en el exterior de la joya. Convoco a todos los joyeros del reino para pedir su opinión y consejo. Solo le dieron malas noticias. Le aseguraron que el defecto de la joya era tan profundo que si intentaban subsanarlo, lo único que conseguirían seria que aquella maravilla perdiera todo su valor. Y que si se arriesgaban a partirla por la mitad para conseguir dos piedras preciosas, la joya podría, con toda probabilidad, partirse en millones de fragmentos. Mientras el rey meditaba profundamente sobre esas dos únicas tristes opciones que se le ofrecían, un joyero, ya anciano, que había sido el ultimo en llegar, se le acerco y le dijo: -Si me da una semana para trabajar en la joya, es posible que pueda repararla. Al principio, el rey no dio crédito alguno a sus palabras, porque los demás joyeros estaban totalmente seguros de la imposibilidad de arreglarla. Finalmente el rey cedió, pero con una condición: la joya no debía salir de¡ palacio real. Al anciano joyero le pareció bien el deseo del rey. Aquel era un buen sitio para trabajar, y acepto también que unos guardianes vigilaran su trabajo desde el exterior de la puerta del improvisado taller, mientras el estuviese trabajando en la joya. Aun costándole mucho, al no tener otra opción, el rey dio por buena la oferta del anciano joyero. A diario, el y los guardianes se paseaban nerviosos ante la puerta de aquella habitación. Oían los ruidos de las herramientas que trabajaban la piedra con golpes y frotamientos muy suaves. Se preguntaban que estaría haciendo y que es lo que pasaría si el anciano los engañaba. Al cabo de la semana convenida, el anciano salio de la habitación. El rey y los guardianes se precipitaron al interior de la misma para ver el trabajo del misterioso joyero.Al rey se le saltaron las lágrimas de pura alegría. ¡ Su joya se había convertido en algo incomparablemente mas hermoso y valioso que antes! El anciano había grabado en el diamante una rosa perfecta, y la grieta que antes dividía la joya por la mitad se había convertido en el tallo de la rosa. Así es como Dios nos cura. Trabaja nuestro mayor defecto y lo convierte, y con el a nosotros, en algo hermoso.

10 jun 2008

MISTICA CIUDAD DE DIOS

Esto es un fragmento del libro Mística ciudad de DIOS de sor Maria de Agreda(la parte 3)
438. Recibió el Altísimo con inefable agrado esta aceptación que hizo la soberana Princesa del nuevo desposorio que con su alma santísima había celebrado; y,como a verdadera Esposa y Señora de todo lo criado, le puso en sus manos todos los tesoros de su poder y gracia y la mandó que pidiese lo que deseaba, que nada le sería negado. Hízolo así la humildísima paloma y pidió al Señor con ardentísima caridad enviase a su Unigénito al mundo para remedio de los mortales; que a todos los llamase al conocimiento verdadero de su Divinidad; que a sus padres naturales Joaquín y Ana les aumentase en el amor y dones de su Divina diestra; que a los pobres y afligidos los consolase y confortase en sus trabajos; y para sí misma pidió el cumplimiento y beneplácito de la Divina voluntad. Estas fueron las peticiones más particulares que hizo la nueva esposa María en esta ocasión a la Beatísima Trinidad. Y todos los espíritus angélicos en alabanza del Altísimo hicieron nuevos cánticos de admiración y, con música celestial, los que Su Majestad destinó volvieron a la santísima niña desde el cielo empíreo al lugar del templo, dé donde la habían llevado.

1 jun 2008

ANGELES DE LA GUARDA








Yo mandaré un ángel delante de ti
para que te defienda en el camino
y te haga llegar al lugar que
te he dispuesto. Acátale y escucha su voz,
no le resistas.
(Ex 23, 20-22)
Conocer a este ángel custodio, compañero de la vida, es muy importante para poder invocarlo y así recibir de él inmensas bendiciones, que Dios nos quiere dar a través de su ministerio angelical.
Ahora bien, los ángeles custodios no solamente nos ayudan en esta vida. Todos los santos están de acuerdo en que también en el purgatorio estarán acompañándonos y consolándonos, pues su misión no termina hasta que estemos ya definitivamente felices en el cielo.
Algo muy interesante, que nos dicen las personas que han sido dadas clínicamente por muertas y han tenido experiencias cercanas a la muerte, es que, en muchos de estos casos, ven a sus familiares difuntos, que vienen a recibirlos, y también ven a su ángel custodio, que los quiere ayudar en ese paso a la eternidad. Por eso, los ángeles, no sólo nos ayudan en el más acá de este mundo, sino también en el más allá. De ahí el título de nuestro libro Ángeles de aquí y de allá.
Cada hombre tiene tales guías, lo crean o no, y el que sea judío, católico o no tenga religión, no tiene importancia. Pues este amor es incondicional y es, por eso, que cada hombre recibe el regalo de un guía. Mis niños pequeños lo llaman "compañero de juego" y desde muy temprano hablan con él y son perfectamente conscientes de su presencia.
En la experiencia del umbral de la muerte, nuestros guías espirituales, nuestros ángeles de la guarda, y los seres queridos, que se fueron antes que nosotros, estarán cerca de nosotros y nos ayudarán. Esto nos ha sido confirmado siempre, así que ya no dudamos nunca de este hecho. ¡Notad bien que hago esta afirmación como un hecho científico!.
Dice el gran siquiatra inglés Kenneth McAll: Algunas personas creen que todos los niños van directamente al cielo, cuando mueren. Pero eso sólo ocurriría así en caso de haber sido amados y de haber rezado por ellos en la tierra. He sido testigo de más de seiscientos casos de niños fallecidos, que habían continuado creciendo al mismo ritmo que lo hubieran hecho de haber seguido con vida. Cada uno llevaba al lado a su propio ángel de la guarda, esperando ese momento de amor y de consagración a Dios; y, en esos casos, el ángel de la guarda tiene permiso para actuar.
En la vida de los Padres del desierto también se habla de ángeles, que se aparecían a aquellos anacoretas. En la vida de san Antonio abad se cuenta que un día estaba él sentado en un monte, haciendo oración, cuando alzó los ojos a lo alto y vio un alma subir entre ángeles al cielo. Estupefacto, pidió saber quién era. Y oyó una voz que le dijo que era el alma del monje Amón, que habitaba en Nitria, a trece días de camino... El santo lo dijo a sus compañeros monjes, que anotaron el día. Después de un mes, algunos monjes llegados de Nitria, trajeron la noticia de la muerte de Amón, que coincidía con el día y la hora.
La venerable Benita de Laus (1647-1718) asistía a la agonía de un niño de dos años. De pronto, vio quince ángeles que estaban junto a su cuna. Cuando el niño murió, trece ángeles lo llevaron al cielo, mientras que los dos restantes se quedaron para guardar su cuerpo. La visita de aquellos ángeles la inundó de una gran alegría.
La misma Benita de Laus dice que, en la Navidad del año 1700, tomó parte en una procesión que los ángeles hacían alrededor del santuario de Laus (Francia). Y vio una multitud inmensa que, con perfecto orden, iba en procesión. Los precedía un hermoso estandarte. La mitad de los ángeles llevaba un vestido rosa y la otra mitad, un vestido blanco. Todos llevaban un cirio encendido. Benita también tomó un cirio del altar del santuario y los siguió durante el recorrido, dando tres vueltas al santuario.
Se cuenta en la vida de la Madre Amparo del Sagrado Corazón de Jesús (+1941), la fundadora del convento de Clarisas de Cantalapiedra (Salamanca):
Un día, se fue a confesar su madre y el sacerdote le preguntó a Amparito:
¿Cuántos años tienes?
Cuatro.
¿Y con quién juegas?
Con mi ángel.
¿Pero ves a tu ángel?
Sí, padre, aquí está, dijo señalando a su lado.
¿Y cómo es tu ángel?
Un poco más alto que yo y más guapo.
El sacerdote le dice entonces:
¿Viniste ayer a mi sermón?
Sí, padre, pero me dormí.
Pues dile a tu madre que esta noche, después del sermón, venga a verme; y a tu ángel que te diga el sermón que yo predique. Si me lo dices todo sin dejar nada, creo que está aquí tu ángel; si no me lo dices bien, no te creo.
Llegado el momento, y en el Casa Rectoral, preguntó el sacerdote de nuevo:
¿Ves a tu ángel?
Sí, padre, aquí está, mírele.
Pues dile que te diga mi sermón.
Efectivamente, la pequeña fue repitiendo íntegramente el sermón sin cambiar ni añadir nada. El padre, impresionado, no pudo menos de decir:
Mira, niña, o has de ser muy santa, muy santa, o un demonio que lleve muchas almas al infierno; así que ten mucho cuidado de no cerrarle las puertas a Dios.
Esto que acaban de leer son fragmentos del libro "ÁNGELES DE AQUÍ Y DE ALLÁ" de P. Ángel Peña O.A.R.
Agustino recoleto PARA LEER MÁS IR AL SIGUIENTE VÍNCULO INTERNO DE ESTE BLOG--->> http://angelesdelaguardadulcecompania.blogspot.com/

27 may 2008

Los Perfumes de María



LOS PERFUMES DE MARÍA
La Virgen María (Nuestra Señora de Laus) se apareció en 1664 en Saint-Le-Laus (Francia) a Benita Rencurel, unas pastorcita de diecisiete años de edad, mientras rezaba el rosario. Se le apareció otras veces, enseñándole las letanías y pidiendo que las rezara todas las tardes en la iglesia. Un día le dijo que buscara una capilla en Laus (que significa lago). Fue a buscarla por las montañas hasta que la encontró por un maravilloso perfume que despedía el lugar. Era una capilla antigua, dedicada a María. Y allí la esperaba la Virgen. A partir de ese día, subía todos los días a encontrarse con Ella durante dos o tres horas. La Virgen, como una madre cariñosa, le fue enseñando y aconsejando como una maestra de educación humana y religiosa. Después, le pidió la construcción de un santuario allí mismo y la preparación de los peregrinos para la confesión y comunión. A partir de la Pascua de 1666, comenzaron a salir de la capilla unos fuertes y agradables perfumes que atrajeron a mucha gente y así comenzaron las peregrinaciones constantes, con las consecuentes conversiones y curaciones. En la actualidad, hay un importante santuario en el lugar. Los peregrinos se arrodillan ante el Santísimo y ungen sus dedos con el aceite de la lámpara, pues según dijo María a la vidente: El contacto con este aceite, en una actitud de fe, producirá curaciones físicas y espirituales.
La Virgen María se le siguió apareciendo a Benita a lo largo de toda su vida, durante 54 años, hasta que murió a los 71 años, en 1718, rodeada de la veneración y gratitud de todos. Era terciaria dominica y, hasta su muerte, atendió personalmente a los peregrinos. También recibió apariciones de Jesucristo, de algunos santos y de ángeles. Murió en olor de santidad en 1872. El Papa Pío IX la declaró Venerable, sierva de Dios. Actualmente, se ha retomado el proceso de beatificación y esperamos que pronto será beatificada. Está enterrada delante del altar mayor del santuario, exactamente debajo de la lámpara, de cuyo aceite se sirven los devotos para las unciones.
Pero lo más asombroso de este lugar son los maravillosos perfumes que todavía se pueden percibir después de tantos años. Es un caso único y excepcional en la historia. Francois Muizón, que ha hecho una investigación reciente sobre este fenómeno, dice: No podemos suponer que se trate de un engaño, nadie puede provocar tales perfumes en circunstancias y lugares tan diversos. No se trata de un hecho que proviene de fuentes olorosas naturales, dado que estos efluvios de buen olor se sienten en toda estación, de día y de noche, dentro y fuera del santuario. No se puede considerar tampoco que se trate de autosugestión, delirio, o histeria. Son numerosísimos los testimonios de la permanencia de estos olores a través de los siglos, en tiempos y culturas diversas.
Los perfumes de María son señales claras de su presencia viva en medio de nosotros. Ella, como madre, está siempre pendiente de nosotros sus hijos

Texto sacado del libro de:
P. ÁNGEL PEÑA O.A.R.
" MARÍA
MADRE NUESTRA"

JESUS ESTÁ VIVO